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José Luis López Aranguren, Ética

31/1/2008

Alianza Universidad, Madrid, 1995.

Ética«En el prólogo a la edición de 1985, José Luis López Aranguren explica las sensaciones de lejanía y cercanía que le suscita, treinta años después de haberlo escrito, este texto introductorio a los estudios de ética, planteado desde un punto de vista antropológico y como síntesis de la filosofía tradicional y la filosofía contemporánea.

La obra expone y analiza las doctrinas e ideas más significativas desde Platón y Aristóteles hasta los pensadores de nuestro tiempo (Bergson, Scheler, Hartmann, Heidegger, Maritain, Sartre), pasando por los escolásticos, Kant y los idealistas alemanes. Dado que la ética no crera artificialmente su objeto, el autor extiende sus consideraciones a la "moral vivida", que no se encuentra en los tratados de ética, sino en los escritos de los moralistas (como Montaigne, La Brùyere, La Rochefocauld, Quevedo, Gracián, etc) y en las creaciones de la gran novela psicológica moderna.»


Prólogo: treinta años después

«Sí, no exagero, pues aunque la primera edición de esta obra, publicada por la Editorial de la Revista de Occidente, es de 1958, su texto, refundido, procede, en la realidad, de la Memoria que hube de presentar para mis oposiciones a la Cátedra de Ética, que tuvieron lugar en 1955. Y la preparación de aquella primera versión me llevó, cuando menos, un par de años. Es, pues, un libro ya lejano que, sin embargo, lo sigo sintiendo, en algunos respectos, cerca de mí. Y ahora, por primera vez, vuelvo sobre él para explicar el porqué de esa, a la vez, lejanía y cercanía. A quienes más debe el libro, según decía en su primero y, hasta ahora, único Prólogo, es a Aristóteles, a Santo Tomás, a Xavier Zubiri. Pero si echamos una ojeada al Índice de Autores Citados, advertimos que Heidegger es tanto o más mencionado que Zubiri (evidentemente, por la menor extensión de obra escrita de éste) y casi al par de él se cita a Kant. Inmediatamente tras ellos aparecen, más o menos por este orden, Platón, Ortega y Gasset, N. Hartmann, Nietzsche, Sartre, Scheler, G. E. Moore, Kierkegaard, Suárez, Sócrates, Hegel y Jaspers: es decir, filósofos antiguos, escolásticos, los grandes pensadores del idealismo alemán, fenomenólogos, filósofos de la existencia, y sus contemporáneos españoles. Relativa novedad para la época era la mención, bajo el patrocinio de Moore, de filósofos anglicanizados, como Wittgenstein y Popper, e ingleses y americanos, como Wisdom, Broad, Ayer, Toulmin y Stevenson. Y en el capítulo sobre el formalismo ético, me refería a la filosofía analítica y el análisis del lenguaje moral. Pero la orientación del libro no era, de ninguna manera, formalista, sino que yo diría que decididamente antropológica. Y el impulso decisivo procedía de Xavier Zubiri, mucho más de sus cursos orales, que de su obra por entonces impresa. La presencia de fuentes literarias y material procedente de la literatura constituyó, creo, una aportación original entre nosotros: llevé a cabo aquí, con respecto a la ética, lo que anteriormente, en Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, había hecho con la religión. Y no por azar acerco aquí la ética a la religión: la abertura de la primera a la segunda es una de las tesis centrales del libro. Libro que, en su tiempo, pudo parecer relativamente avanzado (aun cuando provisto, como era de rigor en la época, de los correspondientes Nihil obstat e Imprimatur), en tanto que síntesis de filosofía tradicional y filosofía contemporánea; y que, desde hace años, se ha convertido en obra plausible y de texto para la enseñanza en Centros religiosos. Quizás su voluntad de sistema, un tanto cerrado, pese a la voluntad de apertura, ha ayudado a ello. Durante el franquismo, los católicos no afectos a él vivíamos una época de transición hacia lo que habría de traer el Concilio Vaticano II. Como la Iglesia de la Modernidad ha ido siempre detrás, se comprende que solamente tras el esfuerzo —por lo demás, pronto cesado— de aggiornamento, fuese aceptado por sectores de ella. Ya he afirmado que el punto de vista del libro es antropológico y tiene poco que ver con el formalismo kantiano del deber, menos con el formalismo lingüístico del análisis del lenguaje moral y, claro está, nada con las síntesis actuales que, procediendo, en principio y paradójicamente, de Gadamer, discípulo de Heidegger, están hoy construyendo Habermas y Apel. El objeto de mi estudio es la vida buena, el bios ethikós, lo que hemos de hacer y vamos haciendo de nuestra vida, a partir de nuestro talante, labrado por la sucesión de actos más o menos decisivos, que configuran hábitos, talante del que brotan sentimientos y fuerza moral que terminan por configurarlo como ethos. El proyecto en que siempre consistimos, el proyecto o, más bien, utopía de felicidad, intramundana o ultramundana, a la que aspiramos y que, siguiendo el actual way of life, tiende a reducirse a «bienestar» o «calidad de vida». Sí, era casi una ética bio-gráfica lo que, pienso, habría querido yo, oscuramente, hacer de este libro, si sus académicos origen y destino me lo hubieran permitido. Ahora bien, la otra cara del proyecto, en su más o menos logrado cumplimiento, es nuestra conciencia de él: moral como autonarración e interpretación del «texto vivo» en que consistimos. Del año 1979 data un trabajo, «Los ‘textos vivos’ y la ética narratívo-hermenéutica», que di a conocer en la UNED y que ahora, junto con otros estudios de ética e historia de la ética de diferentes autores, parece que, al fin, va a ser publicado. Y en la misma idea de la moral en tanto que conciencia narrante e intérprete, abundo en un librito de inminente publicación, Moral de la vida cotidiana. Más arriba juzgué el libro como relativamente cerrado sobre sí mismo. Ello, unido a mi muchas veces reconocida incapacidad para volver sobre mis propias obras que, por lo demás, pienso que deberían quedar todas —no sólo las mías— siempre intocadas, como testimonios o «narraciones» de lo que, al hacerlas, fuimos, determinó que ni por lo más remoto se me ocurriese una reelaboración de la obra retrollevando a ella, con todas sus consecuencias, textos como los que acabo de citar. Y que no son los únicos. Deben agregarse a ellos, cuando menos, el librito que se publicó primeramente bajo el título de Lo que sabemos de Moral y, años más tarde, aumentado con un nuevo Prólogo y un Anexo, «Nuevos enfoques de la moralidad», con el nuevo título de Propuestas morales, asimismo mi contribución sobre ética social al volumen colectivo, Nuestra sociedad. Introducción a la Sociología, Editorial Vicens Vives, de Barcelona; y el estudio «La situación de los valores éticos en general», incluido en Los valores éticos en la nueva sociedad democrática, publicado por el Instituto Fe y Secularidad y la Fundación Friedrich Ebert (y asimismo en las últimas ediciones de Propuestas morales). Y debo recordar también los libros Etica y Política, La Etica de Ortega, El marxismo como moral y Moralidades de hoy y de mañana. ¿Puede formarse con todo ello, no precisamente un sistema, sí la etica bio-gráfica o Biografía ética? Así lo supongo, pero, probablemente, no seré yo quien lleve a cabo la tarea. Todavía, pese a mis años, con más esperanza que memoria, me faltan tiempo, paciencia y autocomplacencia para ponerme a re-crear, anudando ilativamente y narrando, mi andadura ética. ¿Llegaré algún día a estar lo bastante tranquilo para, en esto y en todo, poder mirar sosegadamente hacia atrás? Si eso me ocurre, o cuando eso me ocurra, habré pasado de la ética del proyecto, la tarea y la futurición, a la del examen de la conciencia, y la vida como pura re-flexión.»

José Luis L. Aranguren

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